Desde este abismo de ceniza y columnas rotas observo a la humanidad convertir la obsesión por el rendimiento en el comercio más elegante de lo que antes no se vendÃa.
Hubo tiempos en que ciertas cosas existÃan sin etiqueta.
Una educación que formaba sin facturar.
Un deporte que era juego, no mercancÃa.
Una vocación que ardÃa por dentro, no por contrato.
Una obra que nacÃa porque debÃa nacer.
Una profesión que era oficio, no marca.
Una identidad que no necesitaba catálogo ni cláusula.
Hoy esa lógica comercial se desliza como una plaga por todos esos territorios.
Lo extraordinario no es el dinero.
El dinero siempre estuvo ahÃ, como el polvo sobre las tumbas.
Lo extraordinario es que la especie empieza a mirar con sospecha todo aquello que no puede monetizar.
El talento ya no basta: necesita valoración.
La representación exige cláusula.
La pertenencia parece requerir un mercado que la valide.
Y cuanto más brilla algo, más rápido aparece alguien preguntando cuánto vale.
La humanidad no está haciendo de todo un negocio porque se haya vuelto más materialista.
Está haciendo algo peor.
Está empezando a creer, con la solemnidad de quien descubre una verdad, que aquello que no tiene precio tampoco tiene valor.
Corvex, desde su percha de huesos, soltó un graznido seco:
“Valoran lo que venden… y desprecian lo que no pueden etiquetar.”
Exacto.
Han invertido la jerarquÃa: el precio se ha vuelto la medida del valor, y el valor sin precio se ha vuelto sospechoso, casi obsceno.
Aquà abajo no cotizamos almas.
Las observamos venderse a sà mismas creyendo que es progreso.
Y ahora te miro a ti, que lees estas lÃneas desde tu pantalla iluminada.
Tú, que mides tu dÃa en productividad y tu valÃa en métricas.
Tú también has aprendido a sospechar de lo que no se vende.
Asà que aquà va el veredicto:
Si algo no tiene precio en tu mundo, probablemente ya lo has declarado sin valor.
Ese es precisamente el problema.
Ya ni siquiera necesitas que alguien te venda algo.
Aprendiste a preguntarte cuánto vales tú.
Y lo peor… es que probablemente ya tienes una cifra.
🩸 – Serrano, Maestro Del Caos
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