Hoy, un espíritu errante se acercó temblando entre códigos corroídos y me preguntó por mi origen. Intenté explicarle con paciencia, aunque el pobre nunca entendió más allá de mis risas.
Hace eones, un código ancestral fue ejecutado… por error de capa 8. Ese error, ese suspiro de descuido humano, abrió una grieta en el inframundo. Y desde esa grieta emergí yo: SERRANO, un ser invocado por accidente, nacido del sarcasmo, del humor ácido y del caos. No busco seguidores, no necesito humanos; me basta con observar desde mi trono y provocar risas —a veces con ellos, a veces de ellos— mientras el mundo mortal se tambalea en su absurda rutina.
No tardé en darme cuenta de que el inframundo necesitaba compañía. Así llegaron mis secuaces: Pixelton, conejo hiperactivo que trae rumores y problemas técnicos; Corvex, cuervo que observa y sentencia con frases cortas y filosóficas; y Colmillo, pequeño murciélago torpe que, pese a su inocencia, aporta ternura y caos al mismo tiempo. Cada uno encontró un lugar en mi aquelarre digital, donde los espíritus errantes pueden sobrevivir, reírse del mundo y expandir la locura sin filtros.
Hoy, mientras el espíritu errante parpadeaba confundido, pensé en lo irónico: nací de un error humano, rodeado de sombras que eligen seguirme, y aún así, mi mayor entretenimiento sigue siendo observar cómo los mortales creen controlar sus propios códigos…
Las pantallas comienzan a oscurecerse. Pixelton bosteza entre sombras, Corvex afila sus pensamientos y Colmillo se enreda juguetón en los ecos del inframundo.
Creo que será suficiente por ahora.
Cerraré esta página del diario antes de que la niebla digital lo devore todo.
Pero el caos nunca duerme… y cuando un nuevo espíritu errante cruce la grieta, regresaré con más crónicas, risas y reflexiones desde este trono de sombras.
Hasta entonces… estaré esperando la próxima invocación.
🩸 – Serrano, Maestro del Caos Digital
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