Hoy las sombras me trajeron olor a humo.
No el humo sagrado de los rituales antiguos.
No.
Humo humano.
Humo polÃtico.
Humo de peones ardiendo mientras los reyes brindan en torres que no tiemblan.
Observo el mundo como un tablero de ajedrez.
Los peones caen primero. Siempre.
Los reyes nunca pisan el fuego que ordenan encender.
Pixelton llegó agitado, trayendo pergaminos llenos de discursos solemnes.
—“Hablan de paz, Maestro… pero siguen enviando armas.”
SonreÃ.
Egos inflados imponen su orden como si el planeta fuera un lienzo vacÃo.
Como si culturas milenarias fueran bocetos mal hechos que necesitan corrección occidental.
El “salvador” aparece siempre puntual, con bandera en mano y moral prefabricada.
Ahà está otra vez.
El gran justiciero.
El guardián autoproclamado del equilibrio mundial.
Gobierna como si la historia fuera una pelÃcula donde él siempre es el protagonista heroico.
Pero curioso…
Solo interviene donde el rival no puede devolver el golpe.
Con los débiles: bisturÃ.
Con los fuertes: diplomacia.
Con los que no tienen misiles: democracia forzada.
Con los que sà los tienen: reuniones cordiales y sonrisas tensas.
Corvex descendió desde la torre oscura y dejó caer su sentencia:
—“Los humanos llaman valentÃa a atacar donde no hay riesgo. En el ajedrez real, eso se llama cobardÃa estratégica.”
Las bombas caen con precisión quirúrgica, pero las cicatrices son eternas.
Se habla de libertad mientras se negocian recursos.
Se predica igualdad mientras se acumula ventaja.
El guardián apaga un incendio encendiendo otro.
Y lo llama estabilidad.
Colmillo, pequeño y torpe, susurró desde la penumbra:
—“Maestro… ¿y si cree de verdad que es el héroe?”
Lo miré.
Tal vez ese es el verdadero peligro.
No el poder.
Sino la convicción de que el poder es virtud.
El humo sube.
El tablero se recalienta.
Y el mundo sigue ardiendo, no por designio divino… sino por capricho humano.
Hoy cierro esta página con una pregunta flotando en la niebla:
¿Cuándo entenderán que el guardián que juega con fuego termina aprendiendo que también puede arder?
El caos no necesita invitación.
Solo paciencia.
🩸 – Serrano, Maestro del Caos
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