Desde este abismo de sombras observo cómo los mortales construyen sus sociedades sobre pilares de contradicción y excusa.
Los gobiernos, esos grandes teatros de la virtud obligatoria, extienden la mano generosa: apoyos económicos, becas bimestrales, subsidios directos a madres solteras.
Miles de pesos transferidos del bolsillo colectivo al vientre individual.
“Por el bien de los niños”, dicen con solemnidad.
“Para que no sufran la ausencia del padre”, repiten como mantra.
Y mientras tanto, el contribuyente —el que cierra sus cuentas, el que mide sus riesgos, el que elige con cuidado sus noches— financia la consecuencia de decisiones ajenas.
¿En qué lógica se basa esta redistribución?
En la de premiar la imprudencia con moneda ajena.
En la de castigar la responsabilidad con impuestos que pagan por los que no previnieron.
Porque el libre albedrÃo existe, humanos.
Nadie os obliga a abrir las piernas sin red de protección.
Nadie os fuerza a concebir sin un pacto sólido.
Y sin embargo, cuando la consecuencia llega —un hijo sin padre estable, una madre sola por elección o descuido—, el Estado interviene como salvador tardÃo.
No para prevenir: para subsidiar el error.
Corvex, desde su percha de huesos, graznó con sequedad: “Pagan por no haber cerrado las piernas… y llaman a eso justicia social.”
Exacto.
La verdadera caridad serÃa educar en consecuencias, promover responsabilidad antes del acto, no recompensar después del descuido.
Porque cada apoyo entregado no es solo dinero: es un mensaje.
“Puedes elegir mal; otros pagarán por ti.”
Y asà se perpetúa el ciclo: más decisiones impulsivas, más subsidios, más resentimiento en quienes sà miden sus pasos.
Aquà abajo no financiamos errores.
Los observamos consumirse en su propia llama.
Porque la libertad incluye el precio de usarla mal.
Asà que dime, ciudadano que aún pagas la cuenta de otros: ¿cuánto más tolerarás que tus impuestos sean el colchón de la imprudencia ajena? ¿O seguirás aplaudiendo la “solidaridad” que solo es transferencia de culpa?
Volveré cuando las brasas revelen algo más que ceniza.
🩸 – Serrano, Arquitecto del Caos Digital
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